Primer día sin Verdell

¿Quieres cargarlo? , dijo mientras abría la jaula.
Andando por la calle el ruido de unos cachorritos jugando llamó mi atención así que entré a la veterinaria. Habían dos jaulas, una encima de la otra. La de abajo tenía unos 4 ó 5 cachorros claros que se acercaron al vidrio buscando el dedo que introduje por una rendija, la de arriba 2 cachorritos que se parecían poco entre sí.

¿Cuánto están? -pregunté. Los de arriba 100 soles y los de abajo 200 dólares, son de raza pura. Pensando en el bolsillo empecé a ver con más detenimiento a los de la jaula de arriba que ya se acercaban a mirarme.

Cuando estuvo abierta introduje la mano para coger al más pequeño, pero el otro más sociable y curioso se interpuso, tal vez buscando ser escogido. Esto me hizo dudar, no sabía cuál de los dos tomar, porque el pequeño, tras ver que su hermano más grande y gordo se adelantó, decidió alejarse hacia el fondo de la jaula. Cárgalo nomás, me dijo el veterinario, experimentado vendedor de mascotas.

Volví a introducir la mano y cogí al más tímido, que empezó a temblar y no terminaba de acomodar sus cuatro patitas sobre mis brazos. Son cruce de pekinés con shit zu. Ese se parece más al papá y el de la jaula a la mamá, que es la pequinés. Tienen dos meses – dijo el hombre vestido de azul médico.

Está asustado, dije. ¿Por qué no se parece a su hermano? (el otro perrito, además de ser de otro color era casi dos veces más grande). Parece que en las primeras semanas los otros cachorros lo marginaban y no lo dejaban comer. Recién desde que está aquí ha engordado un poco. Ya se habían llevado al resto de hermanos.

Lo puse sobre el vidrio del mostrador, parecía una bolita de pelos color toffee y estaba inseguro de caminar allí arriba, así que no iba muy lejos de mí. Lo levanté para ver si era macho o hembra. Es hembra. La cargué de nuevo, esta vez estuvo más cómoda y se quedó quietecita, junto a mi pecho.

No la van a querer en la casa- pensé, y le conté al veterinario que vivía en un apartamento y que como yo no estaba en el día, nadie querría hacerse responsable. Voy a preguntar y si tengo suerte vuelvo- le dije sin muchas esperanzas, mientras Verdell y yo nos mirábamos con pena. Luego la puse de vuelta en su jaula.

Ojalá encuentres alguien que te quiera más que yo y no te deje abandonada en la azotea o le de flojera llevarte a pasear.

¿Disfrutaste esta entrada? Por qué no dejas un comentario abajo y continúas la conversación, o te suscribes a mi feed y obtienes artículos como este enviados a tu lector de feeds.

Comentarios

bonita historia de perritos, los amigos mas fieles.

Me has hecho recordar a mis dos perros, un ovejero ingles y un coker. Ambos fueron marginados por los hermanos y los más chiquitos al nacer, pero al final se conviertieron en los más grandes y bonitos de la camada.

“Ojalá encuentres alguien que te quiera más que yo y no te deje abandonada en la azotea o le de flojera llevarte a pasear.”

Nunca lei final mas honesto.

saludos

Menos mal que nunca tuve que pasar por eso.

Ni pasaré.

Deja un Comentario

(requerido)

(requerido)