Mi perrita murió

Siempre imaginé con temor este momento y la verdad no lo esperaba tan pronto. Con 6 años y 8 meses mi cocker spaniel inglesa se fue. Entré en shock, no podía entender lo que acababa de suceder, una pesadilla, una noche de horror. ¿Ahora qué voy a hacer? me pregunté mientras veía su cuerpito gordito acostado y que nunca más se pondría de pie. Si hace unos minutos estaba aquí, ¿por qué?

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Mi hijita Hachi llegó a mi vida porque la necesitaba. Me sentía muy sola y con ella intenté llenar el vacío presente. Además siempre quise tener un perrito y parecía el momento ideal, podía hacerme cargo económicamente y al fin pude convencer a mis padres, así que un día de noviembre del 2010 fui con papá a una tienda de mascotas y volvimos a casa con ella. Nada volvió a ser igual.

En nuestra familia, donde no se veían niños hace muchos años, Hachita se convirtió en la engreída y el centro de atención, la protagonista y chochera de todos. De cachorra era tan carismática que todos tenían que hacer con ella porque ella misma interactuaba con todos. Generó cambios como que conversáramos más o expresáramos con mayor naturalidad nuestro afecto, alteró rutinas y espacios de la casa que ahora era suya también, nos trajo demasiada alegría, emociones y nuevos descubrimientos sobre nosotros mismos, la naturaleza y la vida.

Año a año habían nuevos aprendizajes y ella fue evolucionando, adaptándose perfectamente a la casa y nuestras rutinas. Nuestras vidas también cambiaron, fueron 7 años, viajes, mudanzas, nuevas parejas. En los últimos años ella no paró de subir de peso pues la alimentábamos mucho y no la ejercitamos como es debido. Sin embargo, aunque yo imaginaba que algún día esa gordura podía pasarnos factura, supuse que eso ocurriría aún en unos 5 o más años.

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El 28 de junio mi Hachita estaba por segundo día con estornudos, tos y arcadas. Además ese segundo día se la veía agitada, aún sin hacer esfuerzo, por lo que decidimos llevarla al veterinario. La llevé a la clínica más cercana y con muchos años de trayectoria, donde ella tenía historia, pues la mayor parte de sus atenciones se realizaron allí cuando tratábamos su alergia. Un par de horas después de llegar a la clínica y a raíz de los tratamientos aplicados, mi perrita se descompensó y se fue.

No quiero ahora juzgar si el procedimiento fue apropiado pues ya nada me la trae de vuelta. El veterinario trató de averiguar qué podía tener y le tomó placas radiográficas. De allí solo dedujo que su corazón estaba un poco grande. Le inyectó furosemida, al menos 3 ampollas, mi perra estaba con oxígeno para ayudarla en su agitación pero empezó a asfixiarse. Advertí de ello al veterinario y le introdujo el tubo de oxígeno por el hocico rápidamente mientras yo le abría la boca. Salió mucha agua a través del tubo y ella reaccionó pero quedó tumbada en la mesa.

Yo no entendia lo que acababa de pasar y pedía explicaciones nerviosamente al veterinario, ¿qué le has hecho? le dije, ella estaba bien. Bueno, estaba caminando, agitada pero estaba respirando por sus propios medios y caminando. El veterinario me dijo que ella estaba muy mal, que debería estar fastidiada por el tubo de oxígeno y ni se movía, que era necesario hacerle más pruebas para saber qué tenía pero que mientras estaba con el oxígeno no se podía, que podía ser agua en los pulmones o un tumor, que no sabía. Pero yo sentía y sin decírmelo directamente, el veterinario que se llama Oswaldo, me hizo entender que iba a morir.

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¿Cómo es posible? Yo traía a mi perra pensando que le darían una pastilla y volveríamos a casa. ¿En qué momento se puso tan mal? Teníamos que lucharla así que yo le hablaba, le silbaba, le cantaba, tratando de mantenerla atenta pero la verdad es que estaba muy ida. Aunque me escuchaba solamente se percibía su respiración agitada y asistida por el tubo de oxígeno. En cierto momento se acomodó reposando su cabeza en su pata izquierda pero no hizo mucho más.

Sin embargo en cierto momento mejoró, aparentemente pudo respirar mejor, se puso de pie y me dio una esperanza. El veterinario le quitó el tubo para que respirara por sus propios medios pero con la máscara de oxígeno cuya llave se olvidó de abrir, ella trataba de quitarse la máscara que yo le colocaba, hasta que me di cuenta y llamé al veterinario, abrió la llave. Igual ella estaba fastidiada. Tenía un guante amarrado en la pata delantera, donde había fallado su intento de ponerle la vía. Quise retirársela y en ese momento se desmayó de nuevo en mis brazos, como una gelatina esta vez.

El veterinario le introdujo otra vez el oxígeno mientras yo le abría el hocico, vi que su cuerpo tuvo un par de sobresaltos. No la vi respirar más y se me fue allí. El veterinario trató de escuchar sus latidos con el estetoscopio pero ya no estaba funcionando su corazón. Su carita con los ojitos cerrados y la lengüita azul colgando por un costado, siempre lo vuelvo a recordar junto con sus últimos minutos y digo “Dios mio” porque es muy fuerte, volver otra vez a ese momento en que no puedes hacer nada por alguien que amas tanto y que significa tanto en tu vida.

Sé que este era su momento de partir. Veo tantos casos de perros de la calle abandonados o accidentes de animales que sí tienen una nueva oportunidad de vivir y me pregunto por qué ella no. Incluso esa noche, alrededor habían otros perros durmiendo, conectados a una vía con suero, convalecientes, en tratamiento pero con vida. Creo que se ha ido para enseñarme o enseñarnos algo. Creo también que soy responsable en parte de lo que ocurrió y que las cosas podrían haber sido distintas.

Hace un tiempo, tras terminar de procesar que mi última relación de pareja fracasó, pensé “bueno Hachi, nos tenemos tú y yo”. Por eso cuando se fue, hace 17 días para ser exactos, además de la desolación de perder a un ser tan importante, tan presente, tan amoroso como ella, tenía también que aceptar la idea de que estaba sola de nuevo. Ahora entiendo mejor cómo funciona el apego, que es un recurso para los que no nos sentimos completos o satisfechos con nosotros mismos y buscamos en los demás, personas u objetos, aquello que sentimos que nos falta.

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A veces me fastidia la sensación de vacío, cuando miro espacios donde normalmente la podría encontrar o cuando escucho ruidos parecidos a los suyos, cuando no los escucho igual. Me molesta que las cosas hayan sido así. Me frustra no encontrarla más. También trato de darle la vuelta y agradecer por ella, por todo lo que me dio y recordarla contenta, eso sirve mucho. Pero la pena, el vacío son algo personal, algo egoísta, es esa necesidad de uno mismo de tener al otro, sin pensar en qué es lo que quisiera o sería mejor para él. A veces quisiera verla un ratito, abrazarla y subirla a mi cama y que rasque el edredón o que se acueste a mi lado, muy pegadita a mi o con su cabeza en mi vientre como le gustaba dormirse.

Por ahora creo que tengo que aprender a vivir el presente, a agradecer cada momento, cada experiencia y persona que encuentro. También entendí días antes de que Hachi se fuera que todos somos ángeles y que aún cuando hacemos daño a otros, los estamos llevando de una mano hacia adelante, hacia su futuro y algo mejor. La verdad saber esto ayuda pero es muy difícil vivir en ese estado todo el tiempo, tratando de agradecer, de ver el lado bueno y de hacer las cosas bien para otros es muy difícil. Pero trato de que ocurra al menos una vez al día.

Elegí el nombre de Hachi después de ver la película con Richard Gere, “siempre a tu lado”. Hachi significa “8″ en japonés y aunque era masculino quise ponerle ese nombre porque el 8 es mi número favorito o de la suerte, porque esperaba tenerla muchos años o infinitamente como el símbolo 8 visto de forma horizontal. La película me hizo llorar y sentir mayor urgencia por tener un perrito. Así que tiempo después ella llegó.

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Desde que se fue Hachita me he arreglado para seguir con mis actividades, pero con menos ganas, con algo de culpa por lo que hice y no hice. Con tristeza de no tenerla y con agradecimiento de la oportunidad de lo vivido. Hay días mejores y peores. He tenido la suerte de encontrar mucho apoyo y comprensión entre los más cercanos y también incomprensión y regaños.

El día 30 de junio incineramos los restos de mi hijita. Fue una novedad conocer cómo se realizaba ese procedimiento para las mascotas, incluso en mi experiencia fue de forma más cálida que en casos de humano. Nos explicaron todo el proceso en cada una de sus etapas, nos despedimos de ella, vimos cómo ingresaban su cuerpo al cinerario, luego vimos cómo quedaron sus restos pasada una hora y media aproximadamente y nos entregaron luego la cajita con sus cenizas que mi papá ha decidido guardar con fotos de ella.

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Recuerdo que fue muy difícil y confuso el momento de su muerte porque además tenía que decidir qué haría con sus restos. En ese momento no podía terminar de creer que se había muerto pero ya tenía que pensar si enterrarla o incinerarla. Si la enterraba tendría que llevármela cargada y sin vida, qué dramático habría sido todo. Pero al mismo tiempo no quería dejar su cuerpo en la veterinaria y me despedí de ella varias veces tratando de entender que ella ya no estaba más en ese cuerpo.

He llorado mucho y aún sigo llorando por ella. Ya no es como los primeros días pero igual siento pena y a veces sin pensarlo o sentir gran cosa solo caen las lágrimas. Me llevé las placas que le tomaron ese día para algún día con menos tristeza investigar sobre lo que le pudo haber pasado y escuchar la opinión de otros veterinarios. Por ahora haber podido escribir sobre esto es un paso importante.

Dejo estos links “Hachi is in da haus” que escribí hace años cuando tenía recién 6 meses y días en la casa y “Cuestión e actitud” que escribí al año siguiente donde cuento mis aventuras y aprendizajes con mi pequeñita.
http://www.morenaescribe.com/meditaciones/hachi-is-in-da-haus-1/
http://www.morenaescribe.com/meditaciones/cuestion-de-actitud/

Si han tenido un perrito y lo han perdido, si se sintieron tan tristes como yo, más tristes o menos tristes, cuéntenme cómo fueron los días, meses, años siguientes. Hoy me siento mejor, pero la verdad es que los primeros días no veía la luz y creo que sus experiencias podrían ayudar a otras personas a recuperar la fe y las ganas, pues son días en que uno se pierde a si mismo.

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Comentarios

Dianita, leo tu post y me conmueve mucho, créeme que entiendo perfectamente lo que sientes. Hace 2 días se cumplió un año desde que mi Amaranta se fue y en todo ese año no hubo un día en que no la haya extrañado y deseado, al igual que tu, haber hecho algo más para evitar su partida. Yo disfrute de mi Amaranta casi 4 años, ella partió a solo 6 días de su cuarto cumpleaños. En su caso, un día su barriguita empezó a hincharse, me dijeron que era una ascitis y que se debía a un problema hepático, busqué a los mejores veterinarios, los especialistas, le hice todos los exámenes, hasta una biopsia, devoraba el internet buscando casos similares y cómo habían sido tratados, pero no pude hacer nada y mi hijita también se fue.
Yo creo que Amaranta vino con una misión y que se fue porque la había cumplido, a mi ella me enseñó a querer más a los animalitos, a respetarlos mas, a ser más compasiva con ellos. Y no solo a mi, toda mi familia, incluso mi tía que nunca tuvo gusto por los animales, cambió.
Estoy segura que Hachi también cumplió su misión en este mundo y por eso tuvo que irse. A mi me gusta pensar que el día que a nosotros nos toque dejar este mundo, nuestros perritos estarán esperándonos para jugar nuevamente.
Te mando un fuerte abrazo!!

Gracias Pili! <3 en tu caso hubo más oportunidad de averiguar sobre su problema y aún así se fue Amaranta. Justo yo me preguntaba qué hubiera pasado si tenía más tiempo para ayudarla pero ahora a partir de lo que dices estoy más segura que era el momento de Hachi y el de Amaranta para partir. Te mando un abrazo y que nos veamos pronto <3

Morena no soy muy amante de los animales, pero me encanto tu relato acerca de tu hijita , son designios de Dios y aunque duele hay que tratar de superarlo, se que poco a poco lo lograras un beso

Morena,
Gracias por compartir esta historia con todos. Lamento con mucha tristeza la partida de Hachi. Recuerdo que disfrutaba las publicaciones y fotos que subías, aún cuando no las comentaba… me encantaba saber lo bien que se la pasaban.

Desde el fondo de mi corazón te envió un fuerte abrazo y todo el cariño del mundo. Sé que Hachi estaría dichosa de haber leído tus líneas y saber que te hizo muy feliz, seguro ella siempre lo estuvo junto a ti.

Hachi vivirá por siempre, es parte de tu historia, de tu vida, incluso de quién eres.

Lorenzo

Muchas gracias Lorenzo, cariños a Teddy que pude conocerlo y es un dulce y a la pequeñ Ginger.

No quise ni leer este post pues me duele mucho haberla perdido. Para mi no fue un perro, fue un miembro mas de nuestra familia, la comunicación con ella era casi perfecta, siempre a mi lado, ella atenta a detectar el sonido de tu carro o tus pasos al llegar a casa. Solo en ese momento ella me olvidaba por unos minutos. Pero si tuve una ventaja y es que estuve 8 horas diarias mas que tu con ella.
Me da mucha bronca lo sucedido en la veterinaria, no me parece que fue una buena decisión llevarla allí, la tuve conmigo sus ultimas horas, cargada y sintiendo el jadeo en su barriguita, se notaba triste, pero estaba viva y hasta la llevé a orinar al parque saliendo de la clínica. Reitero, pésimo trato, pero como dices nada nos la va a devolver. Lo único que me consuela de todo esto haber leído todo lo que significó para ti y como has asumido la pérdida, el aprendizaje dejado, el vacío que ella llenó en un momento en tu vida, y que en las nuestras, cambió totalmente nuestro mundo. Lo has explicado muy bien y no hay necesidad de reiterar que fue lo significó. Gracias por darme sus cenizas que lo quiero tener y conservar junto a mi siempre, fue una excelente compañera, pendiente de mi que hasta juraría que me leía el pensamiento, sabía que iba a hacer en los próximos minutos. Ya te debes imaginar como duele tener que guardar en algún disco tantos recuerdos de ella, fotos, vídeos. Durante mas de 8 años nos dió muchas alegrías y tengo tantos recuerdos de ella que es difícil no asociar alguna actividad donde ella no esté considerada. Espero que dia a dia encuentres conformidad ante la pérdida, estamos en lo mismo. Un beso. Papá.

:( <3
Hachita por siempre en nuestro corazón.

Hola Diana. Por esas casualidades llegué a tu blog y a este post. En mi familia tuvimos a Terry, un cocker muy muy parecido a tu Hachi, incluso del mismo color caramelo, Terry vivió 15 años, hace un año se fue. Mi tía (quién era la dueña, aunque lo sentíamos de todos) tuvo que tomar la difícil decisión de practicar la eutanasia pues Terry ya estaba muy enfermito y esos últimos días se veía más y más cansado. Terry tenía un problema en el corazón (le había crecido) y para eso tomó pastillas por casi año y medio. Y lo del corazón venía acompañado con un problema en los pulmones que le hacía retener líquido. Me sorprende que tu Hachi haya tenido esos síntomas tan joven, tal vez sea algo de la raza, a Terry le aparecieron recién a las 12 años o tal vez un poquito más. En fin, esto es para que no te culpes, el veterinario nos dijo que esa enfermedad era impredecible y lo que hicimos mientras pudimos fue darle la mejor calidad de vida. Con el tiempo irás sintiendo menos tristeza, lo sé porque para mi tía era como un hijo y poco a poco lo ha ido llevando. Pero él se quedará siempre en nuestros corazones, igual que tu Hachi.

Gracias Melisa por tu historia, hoy se cumplen 2 meses de la partida de Hachi y todavía me quedan muchas preguntas. Es bueno saber de otras experiencias. Un abrazo y lo siento por Terry.

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