Hachi y las etapas del duelo de una mascota

Hoy se cumple el primer año de la partida de Hachi, mi perrita de 6 años. Estos han sido los 12 meses más largos de mi vida sin duda. Mi duelo por su pérdida ha sido intenso y quiero analizarlo, compartirlo y registrarlo. Sé que mis líneas servirán de luz para personas que están pasando por lo mismo o que en el futuro lo harán.

Hachita y yo

0. La partida
Respiraba con mucha dificultad en sus últimos momentos y se asfixió al final, yo la sostenía con mis manos por su debilidad y de pronto se desvaneció así que la apoyé sobre la mesa mientras el veterinario trató de reanimarla y colocar nuevamente el tubo de oxígeno a través de la tráquea pero esta vez ya no reaccionó. Durante esos últimos instantes vi que su cuerpo tuvo un sobresalto, como un espasmo en el pecho y vientre. Esperaba que reaccionara en algún momento pero eso nunca pasó.

1. La negación
Esa sensación de que en algún momento va a reanimarse, que va a volver a respirar, que pudo estar desmayada o en un estado de posible resucitación me duró hasta la cremación. La fantasía es poderosa y me quedaba un pequeño hilo de esperanza de que iba a despertar. Yo sabía que era imposible pero igual lo imaginaba. Hasta que volví a verla dos días después en el crematorio. La habían conservado en frío hasta ese día y nos mostraron su cuerpo antes de ingresarlo al horno. En ese momento parecía ella pero parecía otra. Y ahí tuve que aceptar que de verdad ya no la iba a volver -al menos- a ver como ella fue. Esta etapa debe haber durado los 2 ó 3 primeros días entre la muerte y la cremación.

2. La ira
De hecho responsabilicé internamente al veterinario y las decisiones que tomó, espero no tener que verlo nunca más en mi vida. Pero también me culpé mucho a mi misma, me odié por las decisiones que yo había tomado, por las acciones que desencadenaron lo que ocurrió. Por las palabras que dije o los pensamientos que tuve en esos momentos que fueron desatando los hechos.

Estos días, más o menos la primera semana, los pasé básicamente en mi cama, llorando y hablando solo con las personas que pudieran entender cómo me sentía en ese momento, es decir que hayan tenido experiencias semejantes y que las hayan vivido con la misma intensidad, amigos que aman a los animales. También fue un momento de protegerse de las personas que no entienden lo que estás sintiendo, de colgar el teléfono a los impertinentes con palabras fuera de lugar. No faltan las personas que por “tratar de ayudarte” comparan tu pena con otras situaciones dramáticas y te dicen que esto o aquello es peor y que no deberías exagerar o que te recuperes ya. Momento también de ignorar a los que hacían preguntas solo por morbo o curiosidad.

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1 Comment

  1. Muy bonito tu relato. Comprendo en carne propia cómo te sentiste. Todos deberíamos aprender a no mortificarnos con los “Debería haber hecho esto o aquello” pues el pasado es irremediable y sólo aumenta la desesperación. Se aprende del pasado, se vive en presente y se corrige a futuro. Los animales son ángeles que Dios nos presta para cuidarnos.

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