Semblanza para Emilia

Siempre que quiero escribir un relato utilizo una técnica que consiste en empezar por lo que más me emociona o llama mi atención de todo lo que quiero contar, sin embargo esta vez, tratándose de mi abuelita, es muy difícil escoger así que empezaré por el principio.

Emilia Fernández Mendoza de Ríos

María Emilia Terencia Fernández Mendoza nació un 10 de abril de 1933 en la calle General Varela de Breña, hija de María Aurora de la Cruz Mendoza Samamé y Víctor José Fernández Márquez. Ha sido la séptima de 9 hermanos y quienes la conocieron de niña la describen como inocente, muy alegre y un poquito picona.

Perdió a su mamá a temprana edad, por lo que junto a sus hermanas aprendió muy pronto el arte de la cocina. Con su mama, Melchora Castillo, aprendió la técnica de los tamales y con el tiempo desarrolló ese gusto que la distingue, porque todo aquel que la conoce tiene una anécdota sobre una comida o postre que ella ha compartido alguna vez. A través de la cocina, mi abuelita engríe, protege y ama.

Muy jovencita, a los 14 años conoció al que sería su esposo, Arturo y algunos años después se casaron para formar juntos la familia Ríos Fernández que crió 6 hijos: Arturo, Ana, Luis que en paz descanse, Enrique, Raúl y Nelly.

Años después, habiendo crecido todos ellos, cada uno fue formando su propia familia y teniendo hijos e hijas, de las cuales yo fui la primera nieta mujer. He tenido la suerte de pasar mucho tiempo cerca de ella especialmente en la infancia y son muchos los recuerdos que tengo, pero quisiera compartir algunos para mostrarles quién ha sido mi abuelita desde la perspectiva de su primera nieta.

El primer recuerdo gráfico que tengo de ella es el de una mujer bastante cachetona y gordita, a la que visitábamos y nos visitaba con frecuencia. Si ella venía a vernos a la casa, mis hermanos y yo suplicábamos porque se quedara a dormir y si íbamos nosotros a visitarla, llorábamos insistiendo por quedarnos a dormir en su casa. Aunque era muy pequeña, recuerdo que la pasábamos muy bien con ella porque era muy juguetona y engreidora, nos cocinaba cosas ricas y siempre había algún plan divertido con ella.

Mi prima Adita Ríos y tantos otros primos no me dejan mentir, con ella aprendimos a jugar cartas. Nos enseñó casino aún cuando no sabíamos sumar y restar, pero el juego que más disfrutábamos era el apestoso y creo que todos heredamos de ella la piconería. Además tenía un tablero de damas, cuyas fichas fabricó mi abuelito Arturo en madera y también nos enseñó a jugarlo a muchos de sus nietos desde muy chicos.

Recuerdo como travesura que un día sacó una botella de pisco del esquinero y me hizo una señal para que no haga bulla y no se entere mi abuelito. Por primera vez supe lo que era la “guinda”, pues había dejado macerando unas cuantas guindas dentro de la botella de pisco. Me sirvió un poquito en la tapita y me explicó que era bueno tomarlo en invierno para calentarse. Yo tendría 7 años y sentí que había descubierto algo muy importante para la vida.

Mi mamá mila, como siempre le he llamado, me ayudaba a hacer las tareas. Gracias a ella me aprendí muy bien los números romanos en segundo grado. Además me ayudaba con las planas cuando me cansaba, imitando mi letra para que la profesora ni mi mamá se dieran cuenta. Cuando me tocaba hacer planas de numeraciones, me decía “tú escribe hasta el 50 y yo te escribo hasta llegar al 100” . Con ella aprendí las principales oraciones cristianas como El Credo y el Yo confieso. Durante un año me acompañó por las mañanas al colegio y me compraba alguna golosina antes de entrar. Nuestros favoritos eran el chocolate golpe, las pasas borrachas o las frunas.

También recuerdo que por el año 92 sufrió de una pleuresía y se puso muy delgadita y débil. Así como esa vez, han habido diversos momentos en los que su salud se ha visto afectada, por ejemplo cuando se fracturó la cadera o cuando ha estado delicada del corazón, sin embargo de todas estas ocasiones en que nos hizo pasar sustos, se ha recuperado pronto, sorprendiendo a todos con su terquedad de hacer las cosas a su modo, de pararse a cocinar y atender a los suyos otra vez o como me comentaba mi primo Marco Ríos, de bailar salsa post hospitalaria con sus nietos y sobrinos.

Fiel televidente de innumerables telenovelas, también disfruta mucho de los partidos de fútbol. La he visto ser hincha de la U y de la Alianza, muchas veces se apiada del que está perdiendo y le hace barra.

Mi abuelita es una persona muy simple y sencilla, no necesita de mucho para divertirse y su vida siempre ha sido compartir con los demás, aún perjudicándose ella y haciéndonos renegar. Siempre atenta y hospitalaria, te ofrece algo de comer y beber si pasas por su casa. Seguro muchos de ustedes han probado su rico pastel de acelga, un kekito, mermelada de membrillo, tamales, ceviche, escabeche, etc.

Algo que siempre me sorprendió de ella es lo mucho que valora a cada uno de sus hermanos, la mayoría de ellos ya descansando en el cielo. Siempre tuvo palabras cariñosas y alegres para referirse a ellos y cuando decía “mis hermanos” sonaba a imperativo, como si los abrazara y defendiera con la voz. Cuando me quejé con ella de alguno de mis propios hermanos su argumento era contundente: “pero es tu hermano”.

Aunque no todo es miel, mi mamá mila también tiene su genio y agárrese el que la haga renegar. Cuando me llamaba la atención me decía con ojos de loca “Dianita María!…”. Pero la verdad es que al rato se le pasaba y todo normal.

De más joven era bastante noctámbula y para dormir escuchábamos el rosario en radio María o algún cassette de valses o boleros. Creo que de ella he heredado el gusto por remolonear un poco en la mañana y levantarme tarde, sin embargo cuando había algo que hacer como ir al colegio, durmiendo 10 minutitos más y todo se las arreglaba para que llegáramos a tiempo.

Otra cosa que nunca me olvidaré es que le encantaba jugar carnavales. A veces estaba lavando la ropa y me salpicaba un poco de agua diciendo ¡carnavales! o volvía del mercado con unos globos especiales, super grandes y me decía con voz de cómplice: “estos globos son colombianos”.

Son tantas las anécdotas que tengo de mi abuelita que podría nunca acabar de contarles, pero con lo que les he dicho hasta ahora creo que queda claro que ha sido una persona muy dedicada a su familia, en especial a los más pequeños, que ha amado a cada uno con esmero en cada comida, que uno de sus valores más fuertes y arraigados es el compartir con los demás, que su alegría y buen humor siempre prevalecen, aún después que se pica y que su día a día gira siempre en torno a los demás, porque es una persona que tal vez sin proponérselo se ha dedicado a servir a todos.

Y seguramente cada uno de ustedes puede decir muchas otras buenas cosas sobre ella. Yo estoy muy orgullosa y agradecida de los lindos momentos que hemos vivido, de todos los aprendizajes de infancia y de su trabajo por nuestra familia, pues todo lo bueno que yo o mi generación de primos, hijos de los Ríos Fernández podamos construir en nuestras vidas es precedido por las bases puestas en nuestros padres por ella junto a mi abuelito.

Entonces me queda darte las gracias querida Mamá Mila, en nombre mío y de nuestra familia, aquí en presencia de todos, por todo tu esfuerzo y preocupación día a día. Gracias por enseñarnos que lo más importante es la familia, por enseñarnos la felicidad de compartir, por sembrar la alegría en nuestro corazón y por seguir junto a nosotros, los que hemos tenido el lujo de disfrutarte en estos primeros 80 años. Que Dios te bendiga con muchos más años de salud y felicidad.

Diana Zorrilla Ríos
6 de abril de 2013

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Comentarios

Morena , me gusto tu relato , tal y como me lo describió me hermana vilma un Besito sobrina

Conozco la calle Varela, con sus casas antiguas, y me imagino a los habitantes de esa epoca.Como ha cambiado ahora, que estan haciendo edificios muy altos en Brena.
Interesante tu relato, que lei con interes,porque todos hemos tenido abuelitos, y sus formas de tratar a sus nietos es muy similar. Felicitaciones y tus lectores siempre estamos con deseos de leer algun articulo que escribas.

Muchas verdades en una linda manera de expresarlas, gracias hijita, Dios nos ama siempre en cada ser que nos da por bendición.

Un saludo a la señora Emilia, una gran persona que denota por lo leido, ser más que una compañera de familia, una persona protectora de los suyos, con la dedicación de las personas de antes.

Recuerdo a un amigo que se llamaba en masculino, Emilio, sacado de su inocencia y amistad sincera a ser un delincuente por gente insana de la aristocracia peruana. En usted, doña Emilia, veo a gente buena que aún puede haber, porque más allá de los errores de algunos, están personas de bien que nunca abandonarán, como usted, abnegada y entregada al servicio.

La saludo con afecto y admiración y por su cumpleaños 80.

A la vez aprovecho de este sitio web para saludar a Emilio y sus hermanos, ahora grandes bebedores y perdidos en sus broncas contra sí mismos. La vida tomará represalias, lo sé.

Que haya pasado muy contenta y que cumpla muchos más. ¡Salud y plena dicha a doña Emilia!!

Atentamente:

César Ignacio Quiroz Cariga.

Buen post, lleno de nostalgia.

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